Compartimos el mismo sueño? (Redes oníricas I)

Eso debió pensar Mario cuando atentamente se deleitaba con el relato de su acompañante del tren. Cada palabra, cada mínimo detalle le erizaba más y más la piel. ¿Cómo podía dibujar con palabras tan magistralmente un sueño que él también había vivido?

En el lago, el viejo que remaba dando vueltas y más vueltas mientras reía a carcajada suelta. Por la orilla norte,un enjambre de abejas ávidas de aventura asediaban a un hombre embadurnado en miel que corría torpemente, como andando. Al sur, se divisaba el árbol centenario del que colgaban manzanas de caramelo y los niños saltaban a por ellas con un trampolín y usaban las ramas del mismo como columpios.

Vaya…. ¡Hasta se acordaba de los tambores dispuestos por toda la orilla para que la gente hiciera “ruido” al andar! Y esto tan sólo es el comienzo….

Anonadado, estupefacto, absorto… No había palabras para definir su estampa. Y aún faltaba la guinda del pastel: en el sueño, ella era una ardilla de larga cola con forma de cepillo y él, un pájaro cuco insoportable.

Y ambos se reconocieron….

foto (vía flickr)

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