Es de buen humano asustarse, reprimir su ira, contener sus ansias y ensimismarse. También es embobarse, y quedarse mirando el sol como aturdido, buscar la mirada vacía en el reflejo de cualquier charco o en la misma ventana de su propia habitación.
El humano, en ocasiones, es capaz de sentir frío por dentro incluso cuando el mercurio lucha por escapar del termómetro. Deja aflorar lágrimas que, a veces, asoman y otras se mantienen en los ojos que la vergüenza nos impide mostrar.
Y bien, ¿eso es todo? Ummmm, no, finalmente tu caparazón de años de construcción moral y mental se resquebraja un poquito por la puntita y sólo lo ves tú. La grieta crece, en ese día, al principio inapreciablemente. Finalmente, a lo largo del día, la grieta es tal, que es hasta asustante. Tu pirámide mental de base ostentosamente amplia y cúspide liviana y bien asentada, se ha dado la vuelta: ¡vaya por Dios! La seguridad, la firmeza, la ausencia de duda que tanto te reconfortaba antes, hoy, de mala gana, ni la sientes.
¿Y la razón? La conoces, muy en el fondo, aunque ciertamente, hoy te ha tocado estar triste y apagado. Te jodes, eres humano… Mañana verás el sol! ¡Un día triste, dos jamás!
Qué te puedo decir si me siento identificada con cada una de las palabras que has escrito… Todos nos hacemos nuestro propio caparazón, intentamos contener las emociones como si fuéramos tarros de galletas, pero como dices tú, somos humanos y eso mas tarde o mas temprano acaba por verse… Buena entrada